lunes, 25 de febrero de 2013

02: Preguntas básicas...


Aunque parezca mentira, los textos contestan (si se les pregunta...)


Porque nos parece que no solo nos podemos quedar con ese nivel de lectura que distingue entre argumento y tema ni tampoco solo con lo que a continuación se presentará, si no que la idea es que esto sea algo así como un dispositivo para elucidar la curiosidad y construir herramientas.

Continuando la línea de la comprensión lectora es imperioso ahondar sobre las respuestas que se hallen en una interpretación del texto mediante algunas preguntas: ¿Qué, dónde, cómo y por qué? Serían algo así como el "esnórquel" y el texto un mar semántico que cobra vida al aventurarnos en él...

La primer pregunta ¿QUÉ? refiere a: ¿Qué me comunica el autor?
Esto aunque les parezca una insipidez no lo es puesto que, una vez que hayan podido enunciarlo con sus palabras no solo lo habrán entendido sino también poder comunicarlo ergo estudiado y no memorizado únicamente.
O también, y más referido a los textos literarios, la pregunta ¿Qué? puede ir más dirigida a algo específico: ¿Qué es lo que voy a analizar: el título, un personaje, una figura retórica, un determinado fragmento, una imagen, el tratamiento de un tema, la vinculación de, etc?
Empero para ser ordenados existen dos preguntas más que nos asisten en ese asunto: ¿Dónde, y, cómo? ¿dónde, en qué lugar del texto se encuentra lo que voy a analizar? ¿cómo aparece, cuáles son las palabras que utilizó, escogió el autor para comunicarlo, para hacerlo?
Y, para un análisis posible, lo primero sería responder a la pregunta ¿POR QUÉ? ¿Por qué hizo ello, qué efecto genera, qué significa, qué connota ello?

"Just" de la banda británica RadioHead: 





Moral para intelectuales” de Vaz Ferreira.


“(…) El deber de cultura en los estudiantes se obscurece y se complica, sobre todo, por la acción que ejercen sobre la manera de estudiar, y sobre las mismas mentes juveniles, ciertos procedimientos de fiscalización (poner en tela de juicio), de que el Estado, al organizar la enseñanza, no puede prescindir.
Esos procedimientos (exámenes, escritos) tienden a producir un efecto paradojal a causa de que genera estrechez mental (...)
No fomentan el estudiar para saber, sino el estudiar para demostrar que se sabe de modo memorístico (…)
Mi consejo es que cada alumno investigue más allá de los textos propuestos por el profesor, de acuerdo a sus intereses (…)”



“Sobre la enseñanza de la filosofía” de Vaz Ferrerira.


“(…) El efecto principal de la filosofía es suscitar el espíritu  filosófico, la crítica, la sinceridad de la posición mental; la completa sinceridad: saber qué es lo que se ignora que es más difícil que aprender a saber. La discusión para triunfar debe ser proscripta de esta aula más que de ninguna, ha de enseñarse a cambiar ideas para comprender mejor, para ver más aspectos de las cuestiones: si se quiere conservar el término discutir, ninguna  clase se presta como ésta a enseñar a hacerlo bien, conservando el espíritu siempre dispuesto y sensible para la comprensión, para el cambio, para la duda (...)”



 “Historia” en “Historia de cronopios y de famas de Julio Cortázar.

Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de la calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.



“La foto salió movida” en “Historia de cronopios y de famas de Cortázar.

Un cronopio va a abrir la puerta de calle, y al meter la mano en el bolsillo para sacar la llave lo que saca es una caja de fósforos, entonces este cronopio se aflige mucho y empieza a pensar que si en vez de la llave encuentra los fósforos, sería horrible que el mundo se hubiera desplazado de golpe, y a lo mejor si los fósforos están donde la llave, puede suceder que encuentre la billetera llena de fósforos, y la azucarera llena de dinero, y el piano lleno de azúcar, y la guía del teléfono llena de música, y el ropero lleno de abonados, y la cama llena de trajes, y los floreros llenos de sábanas, y los tranvías llenos de rosas, y los campos llenos de tranvías. Así es que este cronopio se aflige horriblemente y corre a mirarse al espejo, pero como el espejo está algo ladeado lo que ve es el paragüero del zaguán, y sus presunciones se confirman y estalla en sollozos, cae de rodillas y junta sus manecitas no sabe para que. Los famas vecinos acuden a consolarlo, y también las esperanzas, pero pasan horas antes de que el cronopio salga de su desesperación y acepte una taza de té, que mira y examina mucho antes de beber, no vaya a pasar que en vez de una taza de té sea un hormiguero o un libro de Samuel Smiles.




“Un mar de fueguitos” en “El libro de los abrazos de Eduardo Galeano.

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al cielo. A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.- El mundo es eso - reveló-. un montón de gente, un mar de fueguitos. Cada persona brilla con la luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay gente de fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas; algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.



“El hambre 2” en “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano.

Un sistema de desvinculo: El buey solo bien se lame.
El prójimo no es tu hermano, ni tu amante. El prójimo es un competidor, un enemigo, un obstáculo a saltar o una cosa para usar. El sistema, que no da de comer, tampoco da de amar: a muchos los condena al hambre de pan y a muchos más condena al hambre de abrazos.



“El dinosaurio” en “La oveja negra y demás fábulas” de Augusto Monterroso.

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.



“La oveja negra” en “La oveja negra y demás fábulas” de Augusto Monterroso.

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.
Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura.



“47” en “No” de Idea Vilariño

Como un disco acabado
que gira y gira y gira
ya sin música
empecinado y mudo
y olvidado.
Bueno
así.


Saludos,
Rafael

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